
Con asombro veía la gente que visitaba las playas del Litoral Central, Chile, específicamente San Sebastián. Parecía como que todos sabían nadar y se las daban de "tiburones", adentrándose en el mar. Quizás para demostrar lo capaces que eran. El único problema es que la playa tenía bandera roja.
Pareciera como que los pitazos de los salvavidas fueran un sonido, el cuál, nadie quiere escuchar. Generalmente, al chileno no le gusta que lo manden, ni menos que le ordenen a hacer algo que no quiere, y opta por ignorar la autoridad, y sigue en "la de él" o en su voluntad.
Pero estas advertencias que hacían los salvavidas no son para amargarnos las vacaciones, sino para prevenir que algo malo suceda.
Se oía el sonido del pito. La mano del salvavidas indicaba que se corrieran mas a la derecha. Pero como el chileno es porfiado y desafiante, se queda donde está. Mientras mas pitazos suenan para que se corra a la derecha, el no hace caso, e incluso, se corre a la izquierda. Todo para llevarle la contra al salvavidas (muchos deberíamos tener apellido Contreras, sin ofender a los que tienen ese apellido).
De repente, una corriente empiez a "tragarse" a este infractor. Y mas sorprendente aún: él es el único bañista que esta en esa área de la playa. No hay nadie mas.
Empieza a nadar enérgicamente contra la corriente para poder salir del mar. Pero llega a un punto en que éste se cansa. Pero no pide ayuda. Sigue en "la de él" (tanta es nuestra soberbia??). Continúa nadando, hasta que la playa entera se da cuenta de que necesita ayuda. Y comienzan a llamar al salvavidas.
El salvavidas corre hasta donde esta la multitud (sin exageración). Las olas se llevan mas adentro a este rebelde individuo. Hasta que ya no se ve. El salvavidas va en rescate de este bañista, y lo saca de ese ami-enemigo de las personas.
El bañista, vomitando el océano entero, empieza a escucar al salvavidas: "Amigo, no es por mala onda...sino porque queremos que nadie se ahogue...". El rebelde no dijo nada (además...que le iba a decir??). Le basataba con la vergüenza que pasó, el dolor que le provocó a su familias y los ojos atónitos de toda una playa.
Lo mas incomprensible de todo, es que a los 5 minutos de sucedida la casi tragedia, aparecen 5 personas que empiezan a bañarse en la misma areá donde sucedió el casi-ahogo. ¿Cuando entenderán? ¿Qué esperan? ¿Que estén a punto de ahogarse?
La mentablemente el chileno entiende así. Con las malas experiencias. Por eso, seamos obedientes con las autoridades (carabineros o policia, salvavidas, funcionarios públicos, padres, profesores, etc.). No empecemos con las niñerías de siempre como "Es que tu no eres mi papa", "es que yo hago lo que yo quiero"o "y tu me vas a obligar?".
Seamos conscientes.
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